Antes que nada: nunca pude ni me interesó llamarlos videojuegos. Cada tanto lo voy a hacer sólo para no repetir tanto la palabra "jueguitos", pero sepan que no lo haré con el corazón. Este sitio aspira a ser un compendio de reseñas de videojuegos, y ocasionalmente otros textos sobre el tema. Al reseñar un juego se intenta resumir todo lo que haya que decir sobre el mismo en un único, concreto, ilustrativo y espectacular párrafo. Luego, se le asigna un puntaje en una escala para nada arbitraria de 1 a 4 diamantes (◆). Por último, se procede ubicarlo en un ranking comparándolo con todos los juegos que se han reseñado anteriormente, construyendo un listado humilde y dinámico de los Mejores Juegos Del La Historia (Que Se Hayan Reseñado En Cybersiberia Punto Com Punto Ar). En el caso de los "otros textos", más allá de tener algún vínculo con la temática del sitio, no habrá más regla que el criterio del autor. Hasta aquí el sumario, en términos concretos y desapasionados. Ahora, el porqué. Es marzo de 2025; hace pocos días cumplí 33 años. Hace 30 años metí un diskette en una computadora que corría MS-DOS en el dormitorio de mi primera casa. En la pantalla apareció el Prince of Persia. Desde ese día pienso, casi todos los días al menos en algún momento, en videojuegos. Me sorprende a mí mismo el número: 30 años es muchísimo tiempo. Desde ese entonces, transité todos los previsibles pasos del crecimiento y los lugares comunes de un varón heterosexual, argentino, de clase media-alta. Pasé por el colegio. Hice y perdí amigos. Descubrí las pasiones de la lectura y la música. Me "politicé": formé, discutí y descarté ideas para tratar de explicar el mundo. Hice y perdí nuevos amigos. Fui a la universidad y gracias a ello construí una carrera, de la que hoy vivo. Formé una pareja y tuve hijos: perdón por mentir en el título y por el lugar común, pero son ellos lo mejor que me pasó en la vida. Muchas otras cosas más pasaron, que no vale la pena contar. Durante todo el tiempo los jueguitos estuvieron ahí. A veces ocupando grandes partes de los días, robándome las mejores horas de los veranos, llenando tardes vacías de niñez, o los minutos apretados entre una cosa y la otra. Otras como tema de conversación, u objeto de mis lecturas, de mis escuchas, de mis pensamientos. La fascinación que me generaron desde el primer día ha ido oscilando con los años, como lo ha hecho el tiempo que puedo dedicarles, pero nunca se ha apagado. Incluso para una persona que valora y aprecia el "entretenimiento", siento que la palabra no alcanza para la dimensión del efecto que han tenido en mí: han agrandando mi mundo personal y estimulado mi imaginación. He aprendido de ellos y sobre ellos. Me he divertido muchísimo con ellos. Algún día me gustaría hacer uno. Es algo con lo que sueño desde muy chico. No estoy seguro de que vaya a ocurrir, pero la ilusión persiste. Llegado a este punto, me atrajo la idea de escribir sobre ellos. Siempre me ha gustado escribir, y me atrae la idea de poner en palabras lo que siento al jugar videojuegos. Por un lado, me interesa la idea de asentar estas impresiones y, a largo plazo, tener una suerte de archivo personal sobre un tema que me apasiona. Pero, más que eso, creo que puedo llegar a una forma de escribir sobre el tema que resulte única. No única como en "espectacular y definitiva" sino única como en "mía". No pretendo ser una autoridad en el tema: está claro que hay infinidad de gente que conoce el tema mucho mejor que yo. No sugiero que el ranking de este sitio pueda ser el ranking DEFINITIVO y OBJETIVO de los mejores juegos de la historia. Mas bien todo lo contrario: Todo lo que se publique serán perspectivas y dictámenes personales arrojados al espacio infinito de "el discurso" sobre juegos, propulsados únicamente por la fe en el valor de la voz propia. Esta fe es humilde pero poderosa, porque permite emitir juicios basados en la confianza en los propios criterio, conocimiento y buen gusto; y ocasionalmente tomar el lugar más divertido posible: "son todos pelotudos menos yo". El día de mañana, si esto va a alguna parte, quizá podamos enriquecernos con el aporte de otras voces valiosas. Me encantaría. Creo que no hace falta más contexto. A partir de este punto, los textos deberían hablar por sí mismos. Aquí vamos.