En Super Mario 3D Land (2011) encontramos un Mario en 3 dimensiones que retiene los verbos de los clásicos en 2D y reconvierte sus virtudes. ¿Por qué no repetir el éxito pero agregando más de todo? Con esta meta, Nintendo nos acerca una máquina de crear dicha, un juguete que nos requiere sólo nuestras ganas de jugar. Hasta cuando estamos saturados por el torrente de luces y colores podemos advertir el obsesivo cuidado del diseño, el oficio detrás de las visuales y la música rimbombante, pero no hay tiempo ni ganas de detenerse a pensar ello. El ritmo es el de los nenes que juegan: corren porque quieren, porque es divertido. Admite el juego casual, relajado en solitario o caótico en compañía, y con la misma generosidad plantea desafíos mucho más avanzados para quienes quieran platinarlo. Es cierto que por lo ambicioso de su escala le sobran cosas: algunas mecánicas que no suman nada, algunos niveles prescindibles. Pero hasta estos excesos riman con su humor festivo, juvenil. ¿O acaso no mojan algunos nenes las papas fritas en la gaseosa en lo mejor del cumpleañito? ◆ ◆ ◆ ◆ (4/4)
#2
de 12