Así se tiene que ver la nieve. Así se tiene que escuchar la fricción del esquí contra el hielo. Es verdad, nunca esquié y no conozco la nieve, pero uno no puede dudar cuando está frente a la posta, aunque sea de mentira. El juego es un jueguito, sí. Pero resulta que es muy difícil hacer un jueguito bien, y acá hay un trabajo de economía expresiva admirable, que realiza la sensación de estar solos en la montaña bajando a toda velocidad. En el largo plazo va a apelar sólo a la gente que tenga debilidad por los descensos helados o a la que disfrute al recortar 5 milésimas a su récord personal (yo soy un poquito de esos, aunque me dura poco). A quien pueda darle una chance sin gastar mucho, yo le diría que lo haga: puede descubrir que es parte de alguno de esos grupos. ◆ ◆ ◆ ◇ (3/4)