Para quien no quiera pasarse de vivo, los juegos de golf hace rato están resueltos. Ya se sabe cómo hacer divertidas sus variables: hay que medir la fuerza y el efecto al pegarle, elegir el palo correcto, considerar la influencia del viento y el terreno, etcétera. Es fácil atraer al jugador que ya sabe que le gustan, aunque imagino con nosotros solos no se hace un éxito comercial. ¿Cómo atraer al Gran Público, aunque sea a un pedacito? La idea acá parece ser armar un golf convencional, agregar 2 o 3 mecánicas novedosas sobre éste y pegarle encima las caras de los amados personajes de Nintendo. Esta fórmula puede funcionar, pero en este caso el resultado es hueco, tedioso, insulso. La primera impresión sugiere que alguien se ha robado la mitad de los mapas y personajes. Luego, las mecánicas que lo deberían hacer único (tiros especiales con distintos efectos, la posibilidad de correr desde un hoyo al otro saboteando a los rivales) se han realizado sin ganas. Las físicas no tienen peso ni fricción, los ritmos son espasmódicos, hasta el sonido ofrece intervalos rarísimos de silencio total que nos invitan a contemplar por qué estamos jugando. Meter una pelotita en un agujerito lejano es un entretenimiento infalible; cuesta entender cómo le erraron tanto. ◆ ◇ ◇ ◇ (1/4)
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