Hace mucho fui a aprender piano (no aprendí) y me enseñaron este proceso: identificar las secciones de la partitura, practicarlas por separado lentamente, ligarlas, eventualmente ejecutar la pieza completa a tempo. Cuando uno lo logra, siente un tipo muy particular de satisfacción exactamente igual al de completar sin morir un nivel de Radiant Silvergun. El marco es una presentación gráfica originalísima, con música que eleva la acción y una trama hecha de basura animé sin sentido, que tiene la gentileza de nunca molestar. Se nos requiere pilotear nuestra nave esquivando amenazas y alternar entre sus 7 armas (demasiadas) para adaptarnos a la situación. Balas y rayos y bólidos vuelan desde todos lados todo el tiempo en todos los patrones posibles, y entre una cosa y otra se nos enfrenta a bosses cada vez más letales e inventivos (la marca de Treasure). Al asentarnos, entendemos que debemos planear con cuidado qué enemigos destruir y en qué orden para satisfacer al sistema de puntuación del juego, o no llegaremos lejos. Entonces es cuando cobra sentido que en el menú haya un modo para practicar los niveles por separado: o se es un savant del arcade o se ensaya, con calma y cuidado, cada parte de una pieza de la cual nos han robado la partitura y sólo sabemos cómo debe sonar. A priori la empresa parece imposible (repito 100 veces "no debo mencionar a Dark Souls en esta reseña") y, si bien no lo es, su dificultad sí termina por alienar a la enorme mayoría. Finalmente el desafío de completar el juego sin continues es sólo para enfermitos y asiáticos. Salud a ellos. ◆ ◆ ◆ ◇ (3/4)
#3
de 12